Freya Stark, la primera mujer que exploró lo más recóndito de Arabia

1 febrero 2021 — Lectura en 6 '
Freya Stark exploradora de Arabia
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Freya Stark se pasó toda su vida viajando por lugares inhóspitos, llegando a rincones que nunca o casi nunca antes habían sido pisados por occidentales. La última de sus travesías la realizó con 81 años a lomos de una mula para subir el Himalaya. Apasionada de Oriente Medio, fue la primera persona que cartografió Persia, recorriéndola sola de punta a punta. Hablaba 10 idiomas y escribió más de 25 libros.

De haber nacido hombre, la inglesa Freya Stark sería otro Lawrence de Arabia. Pero nació mujer, y hoy poco o nada se sabe de su increíble legado. Stark fue la primera mujer occidental que pisó muchos de los lugares prohibidos de Oriente Medio, como Siria, Irán, Irak, Kuwait y Yemen, y a lo largo de sus viajes siempre destacó su falta de temor a la hora de internarse en territorios peligrosos. 

Su curiosidad la impulsó a querer conocer más y su valentía, querer hacerlo de primera mano sin necesidad de leerlo en otros. Y por eso fue a buscarlo. Así se diseñó el alma de esta intrépida aventurera, a la que nunca le importó recorrer el desierto de Arabia durante semanas a lomos de un burro, o ser una mujer viajando sola a comienzos del siglo XX por territorios de Oriente Medio completamente inexplorados. De nuevo una Mujer en la Sombra, avanzada a su época, que supo posicionarse en un sector fundamentalmente liderado por hombres. 

Si hubiese nacido hombre, Freya Stark sería otro Lawrence de Arabia. Pero nació mujer, y hoy poco o nada se sabe de su increíble legado.

Aventurera de vocación

Freya Stark nació en París en 1893. Sus padres eran aficionados a viajar y solían llevar consigo a la pequeña. Seguramente ahí empezó todo. Con siete años ya hablaba cuatro idiomas y en su noveno cumpleaños cayó en sus manos un ejemplar de Las mil y una noches, que hizo soñar a la pequeña Freya Stark con recorrer Arabia y Oriente Medio. Mientras ese momento llegaba, se convirtió en una autodidacta insaciable, leyendo libros interminables, memorizando largos pasajes de poesía y estudiando textos religiosos islámicos. 

Freya Stark exploradora de Arabia
Freya Stark, posando sentada

Tuvo que esperar hasta el año 1927, con 34 años, para embarcar en el carguero Abazzia, que la llevaría a hasta aquel ansiado lugar. Iba sola y viajaba con lo justo. Eso sí, en el momento en el que puso un pie en Oriente Medio, supo de inmediato que no había vuelta atrás. “Nunca imaginé que mi primera visión del desierto me impactaría tanto. Su belleza me conquistó de inmediato”, aseguró. 

Su primera parada fue Beirut, donde tomó por primera vez contacto con la sociedad árabe y siguió aprendiendo el idioma. A diferencia de otros occidentales en el terreno, Freya Stark adoraba practicar el idioma hablando con los campesinos, comerciantes, líderes religiosos, beduinos, esclavos africanos o con las sirvientas armenias. Si algo diferenciaba a Freya de sus colegas exploradores británicos era su horror por mantenerse permanentemente rodeada por sus compatriotas. 

Inmersión total

Su intención era hacer un verdadero trabajo de inmersión entre las gentes de los lugares en los que se encontraba. Dondequiera que fuese, evitaba los hoteles caros, eligiendo siempre sus hospedajes allí donde pudiese mezclarse con los locales, ya fueran indios con turbantes, comerciantes judíos, peregrinos persas, antiguos mulás o porteadores kurdos.

Nunca imaginé que mi primera visión del desierto me impactaría tanto. Su belleza me conquistó de inmediato

Freya Stark

Tras una estancia en Beirut, Freya se trasladó a Bagdad, donde encontró un hospedaje en un pequeño y encantador vecindario. Luego supo que se trataba del barrio de las prostitutas. Lejos de estar molesta por la noticia, a ella le pareció de lo más divertido. No tanto a las esposas de los diplomáticos extranjeros, que no ocultaron su desagrado. “¿Sabes que estás reduciendo el prestigio de la feminidad británica?”, le espetó a Freya una de esas mujeres a lo largo de una fiesta.

Freya sonrió al mismo tiempo que se aseguraba a sí misma que no cambiaría un ápice de sus costumbres a lo largo de sus viajes. A ella le gustaba ese “barrio bajo”, fueran cuales fueran las consecuencias para la feminidad británica.

Nueva aventura: la Secta de los Asesinos

Pronto a Stark le invadió una nueva fijación: investigar a la célebre Secta de los Asesinos de Hasan al-Sabbah, una comunidad nacida en el siglo X que utilizaba con frecuencia el homicidio político como estrategia. En contra de los consejos de todos, Freya Stark decidió marcharse sola a Persia para adentrarse en las montañas de Elburz en busca de las fortalezas que en algún momento habían estado ocupadas por los integrantes de esta misteriosa secta. 

Freya Stark exploradora de Arabia
Freya Stark ataviada con un turbante (c) MCA

El principal problema con el que se topó Freya fue la falta de mapas precisos. Aldeas con nombres erróneos, cordilleras montañosas de las que no había constancia en los mapas que utilizaba… Freya Stark, lejos de desanimarse, en mitad de la dura travesía utilizó como guía los Viajes de Marco Polo, basado en las travesías del mercader por la región 500 años antes. Fue así como ella misma se encargó de cartografiar toda la zona, lo que le valdrá a su regreso los halagos de la Real Sociedad Geográfica británica.

Ella misma se encargó de cartografiar toda una zona de Persia desconocida hasta ese momento

Por fin, en 1931, descubrió el Castillo de Lamiaser, una de las dos fortalezas de la Secta de los Asesinos que había resistido más tiempo a la invasión mogola. La ubicación exacta del castillo era un auténtico misterio y Stark tuvo que dejarse guiar por su intuición, uniendo informaciones de aquí y de allá, recopiladas a lo largo de su travesía. El tramo final fue el más duro. Obligada a dejar las mulas atrás, ella y sus dos guías tuvieron que escalar por un escarpado barranco de la montaña, hasta que por fin avistaron el castillo. 

Espía en la Segunda Guerra Mundial

Llegó la Segunda Guerra Mundial y si durante la primera contienda el papel de Freya Stark se había limitado a alistarse como enfermera, la fama que ya se había ganado la exploradora hizo que el Gobierno Británico quisiera sacar partido a sus aptitudes. A pesar de sus recelos sobre las actuaciones de franceses y británicos, Freya deploraba a los nazis, por lo que no dudó en colaborar en la causa.

Freya Stark exploradora de Arabia
Freya Stark en Nueva Delhi (c) Popperfoto via Getty Images

Así, la envió primero a Adén, en Yemen, y luego a Irak. Allí se dedicó a recoger información, al tiempo que colaboraba en reclutar árabes para la causa aliada. En El Cairo fundó una especie de sociedad antinazi llamada Brotherhood of Freedom, una red de simpatizantes aliados cuyo objetivo era convencer al pueblo egipcio de que más valía el diablo británico, al que ya conocían, que el monstruo que podía llegar. 

Referente en la literatura de viajes

En total, Freya Stark escribió más de dos docenas de libros, así como cientos de artículos, ensayos y cartas. Muchas de sus obras se convirtieron en bestsellers inmediatos y fueron elogiados a lo largo de los años por resultar espontáneos y elegantes. Muchos críticos han alabado su tarea como escritora, por tener espíritu, autoridad y humor, así como saber plasmar en sus obras la valentía, franqueza, encanto, idealismo e ingenuidad que la caracterizaban. 

Lo más impresionante de todo es que Freya Stark fue prácticamente autodidacta. En su juventud, aprendió árabe y turco con fluidez y con los años dominó un total de diez idiomas y dialectos. Un talento que sin duda le fue muy útil a lo largo de su trayectoria vital, donde viajar fue el pilar fundamental que sustentaba todo lo demás. Algunas de sus obras más conocidas son Bocetos de Bagdad, de 1933; El valle de Los Asesinos, de 1934; Las puertas del sur de Arabia: Un viaje en el Hadhramaut, de 1936; Un invierno en Arabia, de 1940 y Cartas desde Siria, de 1942.

Exploradora hasta el final

Lo más bonito de la historia de Freya es que su pasión por el descubrimiento nunca decayó. Continuó aprendiendo, escribiendo y viajando hasta los 80 años. Tras su separación de un matrimonio breve y tardío, pasó sus últimos años explorando con algunos de sus muchos ahijados. A los 70 años aprendió turco y escribió varios libros sobre este país. A los 75 años visitó Afganistán y a los 86 el Himalaya.

Lo más bonito de la historia de Freya es que su pasión por el descubrimiento nunca decayó


En el momento de su muerte a los 100 años, sintió que ya tan solo le quedaba un lugar por descubrir. Lejos de temerlo, incluso vio la muerte como una aventura. Para ese entonces, ya había sido galardonada con la Cruz del Imperio Británico en 1953 y nombrada Dama del Imperio Británico en 1972. Freya Stark murió con la satisfacción de haber exprimido cada segundo de su vida haciendo lo que más le apasionaba.

Freya Stark exploradora de Arabia
Freya Stark posando con uno de sus famosos sombreros (c) MCA

Otra gran mujer que luchó a contracorriente para conseguir lograr las metas que no estaban reservadas para ella. Si te ha gustado, no dudes en darle luz a esta historia.